cholo simeone

Foto: Elconfidencial

Recogemos aquí las características que todo entrenador debería tener y aquellas que se podían haber quedado por el camino. Los puntos fueres y débiles de los entrenadores.

A lo largo de la historia del fútbol, hemos contado con técnicos legendarios y otros menos buenos. Sin lugar a dudas, los mejores entrenadores de fútbol se caracterizaban por tener unos puntos fuertes bien marcados. Entre ellos, dominar muy bien el liderazgo y entender el fútbol como una estrategia conjunta. A la contra, los malos fallaban en cuestiones muy específicas.

Recogemos aquí las características que todo entrenador de fútbol debería tener y aquellas que se podían haber quedado por el camino. ¿A qué entrenadores de fútbol pondrías en cada punto como ejemplo?

Lo que todo entrenador de fútbol debería tener

1. Transmite confianza y se relaciona

Para un buen entrenador de fútbol, la psicología es primordial. Se debe tener en cuenta a cada miembro del equipo: estar en sus fortalezas, sus momentos y debilidades y prestar la atención debida a cada cual. Generar un campo de confianza mutua es esencial para poder entender qué puede estar fallando en un momento concreto. Un buen técnico no se esconde de su equipo: se relaciona con él y comparte sus momentos. Eso sí, sin entrar excesivamente en lo personal hasta el punto de perder la objetividad.

2. Explica sus argumentos

Si sólo el entrenador conoce su plan, por muy bueno y efectivo que sea, ¿de qué sirve si no se transmite? El principal factor motivacional de los equipos es saber los objetivos conjuntos y las metas que se pretenden conseguir. Cuando el equipo tienen interiorizado esto, motivarse es más sencillo. Cuando no, un desastre. ¿Cómo te vas a motivar sin ni siquiera saber cuál es el plan? Por ello, cada paso y cambio de estrategia, tiene que ser debidamente expuesta y verbalizada con todo el equipo. No se trata de discutirlas: para eso tú eres el entrenador; se trata de asegurarse de que todo el mundo sabe hacia dónde se va. Explicar el porqué de las cosas es fundamental.

3. Plantéate qué es ser un líder

El liderazgo no tiene nada que ver con mandar y establecer autoridad, tiene que ver más bien con que la gente te siga simplemente porque le sale seguirte. Para ello, debes inspirar al equipo y tomar decisiones que estén fundamentadas y que sean para mejorar el bien común. Es muy difícil entrenar el liderazgo: hay gente que lo tiene de manera innata. Sin embargo, no es imposible; existen coaches para realizar trainings sobre este aspecto. El resto de personas tienen que confiar plenamente en ti y sentirse seguros ante tus “órdenes”.

4. Reconoce los errores

Ser un buen míster no significa no equivocarse nunca. Cuando nuestras estrategias fallan, es necesario verbalizar que estamos estudiando e investigando nuevas posibilidades. El “estamos en ello” es fundamental. Lo que el resto debe recibir es que nos hemos dado cuenta y estamos poniendo todo el ímpetu para cambiarlo.

5. Sé una persona visionaria

Este punto está intrínsecamente relacionado con el anterior. Si todo el mundo se da cuenta de que fallamos o de que el camino está claramente por otro lado menos nosotros, es muy difícil ganarse el respeto del público y el equipo como técnico. Debes ser el primero en darte cuenta de los errores y asumirlos y el primero en encontrar la respuesta. Ser una especie de visionario del juego. Comunicar cada proceso es importante para que se entienda que lo vemos y que lo vamos a cambiar o a aplicar.

 

LO QUE TODO ENTRENADOR DEBERÍA OLVIDAR.

 

1. El Orgullo

Se confunde a veces con la “dignidad” pero son cosas distintas. El orgullo tiene que ver con la soberbia. A veces, ser técnico de fútbol es complicado porque las críticas siempre van a estar ahí y la gente creerá en todo momento que es capaz de hacer mejor tu trabajo. Sin embargo, si interiormente sabes que estás trabajando en ello, esto no tendrá que preocuparte. Los pésimos entrenadores de fútbol de la historia se mantuvieron siempre en una actitud excesivamente orgullosa que, a larga, no les sirvió para absolutamente nada. Se valora la humildad en el proceso.

2. Entrar en cuestiones personales

Estará bien si un miembro de tu equipo está mal, si hablas con él para entender por qué su juego falla. Ya hemos dicho que esto de ser míster tiene mucho de psicología. Pero es cosa distinta entablar relaciones sumamente personales con el equipo ya que esto te hace perder el norte y la objetividad. Tratos de favor, preferencias evidentes y mostrar que alguien no te cae bien no es nada profesional. Estás para dar orden a las cosas: eres director de orquesta; no estás para llevarlo todo al terreno de la susceptibilidad personal.

3. No escuchar consejo

Lo que nos dicen para mejorar el juego puede tener mucho valor. Los grandes genios aprendieron de otros: no creyeron que lo sabían todo. Escuchar consejo es fundamental: quizás te señalen algo que no habías visto antes.

4. La borrachera de poder

Síndrome habitual tanto en grandes estrellas del fútbol como en técnicos de gran desconocimiento. Cuando se tiene mucho poder es fácil creerse Dios. Sin embargo, las carreras de fondo saben que en la vida todo son subidas y bajadas y que lo importante para mantenerse es seguir trabajando de manera dura y constante. Un entrenador borracho de poder no lleva a nada. Es pan para hoy y hambre para mañana.

5. El enamoramiento de un juego que no funciona

Te has enamorado del posicionamiento que habías previsto que funcionaría: ¡era genial! Y, sin embargo, no funciona y sigue sin funcionar. No aplicas el ensayo error, sino que te has empecinado -como entrenador- en seguir con esa estrategia. Te has enamorado de ella porque te parecía genial pero lo importante es lo que ocurra en el campo. Si no funciona, hay que probar otra cosa ya que lo único cierto es que no funciona. Los grandes entrenadores cambian cuando se requiere siempre. Prueban y prueban hasta dar con su juego.

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