Se debe crear un ‘paisaje mental’ porque el desarrollo del juego tiene que nacer primero en la cabeza.

Si nuestro cerebro no creara Modelos de Acción para la realización de nuestras situaciones cotidianas, algo que puede parecer tan sencillo como cruzar la carretera sin semáforo se convertiría en un proceso de decisión tan complejo que tardaríamos horas en tomar la decisión de cuando cruzar, en función de los miles de variables que hay que tener en cuenta para no ser atropellado (número de coches, distancia, velocidad de los vehículos, velocidad propia, etc.).

Con el juego del Fútbol, nos encontramos en la misma disyuntiva, sino hay una determinación previa de la forma de ocupar los espacios, con y sin balón, y una serie de principios de actuación que nos ayude anticipar las respuestas, las decisiones se tornarían excesivamente complejas y tardaríamos horas en tomar una respuesta adecuada, y evidentemente este tiempo no existe.

Para ello el entrenador, atendiendo las virtudes de su plantilla debe crear un Modelo de Acción con unos principios de actuación determinados, que ayuden al jugador a anticipar la decisión en un entorno cambiante y lleno de incertidumbre.

La realización regular de los principios de acción creados para nuestro equipo, hace que los jugadores creen una familiaridad con una lógica de funcionamiento que los lleva a anticipar con mayor eficacia y menos esfuerzo los acontecimientos durante la competición.

Esta capacidad de anticipación nace cuando esta experiencia se graba en el cerebro como un hábito. Queda claro la importancia del entrenamiento para que este mecanismo puede llevarse a cabo. Jacob y Lafargue (2.005) contribuyen también para una mejor comprensión de la anticipación exponiendo que cuando se produce un acto voluntario, el cerebro realiza una copia eferente que predice instantáneamente los efectos de la acción y por el contrario cuando el acto es realizado de forma involuntaria, el cerebro no anticipa y es preciso algún tiempo de latencia para poder percibirlo. El entrenamiento adquiere aquí la relevancia capital pues apenas podemos predecir aquello que ya hicimos y conocemos su resultado. Estas experiencias deben tener sede en el proceso de entrenamiento, pero debiendo ser este Específico, en relación con los comportamientos tácticos deseados, o sea, si entrenamos los comportamientos tácticos, conocemos sus efectos y eso es un aspecto a tener en cuenta en la consecución del juego pretendido. Por lo tanto un jugador consigue hacer bien determinado comportamiento si primero lo comprende y después comprueba que el mismo es beneficioso, tanto para el equipo como para él.

Atendiendo a esto último si creamos ejercicios con una gran dificultad que sea muy complicado conseguir el objetivo estipulado, esto tendrá un efecto contraproducente en la asimilación de estos comportamientos en el jugador, el jugador debe sentir en la práctica la validez y la utilidad de aquellos que ha realizado.

Changeux (cit. Por Carlos Campos, 2.009) nos traza una noción que se revela importante, para estimar al Modelo de Juego como guía del proceso de entrenamiento; como es el concepto de Objetos Mentales: “Representaciones internas que indican que un cierto objeto del mundo exterior debe ser la causa del mismo efecto comportamental (o acción) sobre el mundo en todo individuo. Una representación se definiría así por su acción causal sobre el comportamiento y el mismo sobre los estados internos.” De aquí podemos extraer que la idea de juego del entrenador (modelo) creado para su equipo se puede equiparar a un objeto mental. Esta idea relaciona con que el modelo de juego es transmitido a través de ejercicios que dotan a todos los jugadores con los comportamientos concordantes con ese modelo establecido.

El ejercicio se convierte a partir de esta afirmación en herramienta básica para la creación en la mente del jugador de la cultura organizacional que se pretende para el equipo. Y según Rui Faria (2.006), “el objetivo será siempre el mismo: tornar cerebral la dinámica comportamental que es la organización y la filosofía. Crear intenciones y hábitos. Tornar consciente y después subconsciente un conjunto de principios de forma que se manifieste una determinada forma de jugar”.

“Se debe crear un ‘paisaje mental’ porque el desarrollo del juego tiene que nacer primero en la cabeza de los jugadores” (Vítor Frade). Para facilitar la operacionalización del modelo en la mente del jugador es conveniente entrenar cada situación en la zona o zonas del campo en que queremos que se produzcan. Con una presentación visual del modelo de juego, el entrenador y el jugador disponen de una referencia precisa para que exista sintonía en la acción. Ayudando esto a facilitar las interacciones entre compañeros y anticipar la decisión en los diferentes momentos del juego.

Este paisaje mental del modelo y su exposición visual ayudará al jugador a entender mejor la globalidad del juego pudiendo interpretar en cada momento en que “subfase” se encuentra y que principios de juego debe manifestar.

Para esto el Modelo debe estar perfectamente definido, así como sus principios, tanto para poder crear los ejercicios y herramientas adecuadas como para que pueda ser asimilado por los jugadores.

Adrián Cervera

Entrenador UEFA "Pro" | UEFA "Pro" Licence Coach

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