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Fotos: fpE | 4ever.eu

En una jugada que transcurre por la banda derecha, un joven jugador conduce el balón....

Domingo. 10 de la mañana. Cualquier Ciudad Deportiva de España. Partido de benjamines.

En una jugada que transcurre por la banda derecha, un joven jugador conduce el balón con destreza dirigiéndose veloz a la portería rival. En ese momento, y ante el griterío del público, el entrenador grita claramente “Paseeeee. Paseeee” mientras que el padre de la criatura, emocionado ante el posible gol de su hijo exclama “Tiiiiiiira”. A su vez, un compañero desmarcado grita “Ehhhh, que estoy solo”. El niño mira a un lado, a otro lado y finalmente… un adversario le roba el balón y lo manda a córner.

En esta situación (real o ficticia, que cada uno opine lo que quiera), un niño de 8 años que sólo juega al fútbol por placer ha recibido al menos 3 órdenes en un intervalo de 5 segundos. Y como es lógico, no ha realizado ninguna.


LOS PADRES EN LA COMPETICIÓN DEPORTIVA

Cómo se recogía en el artículo anterior, una de las posibles funciones del psicólogo deportivo es atender a la formación, aprendizaje y desarrollo de los jóvenes futbolistas.

En el ejemplo anterior, no me cabe duda de que la intención de los padres al dar esas órdenes no era otra que ayudar a sus hijos a ser mejores jugadores. Sin embargo, en la competición de cada fin de semana se dan una serie de circunstancias, como la presión de ser evaluado o el miedo a hacerlo mal delante de sus compañeros, que hacen que los padres deban tener en cuenta una serie de pautas:

  • Los padres deben divertirse viendo jugar a sus hijos
  • Deben sentirse satisfechos de que su hijo realice actividad física, con todos los beneficios que conlleva
  • Los padres deben ser un modelo de comportamiento para sus hijos, respetando a los jugadores y entrenadores de otros equipos y al árbitro
  • No debe criticar nunca, ni en público ni en privado a ningún jugador, ya que eso puede repercutir negativamente en el rendimiento
  • Por último, los padres deben respetar la tarea de los entrenadores, no metiéndose en sus decisiones

A modo de conclusión, decir que la competición ya tiene de por sí un componente de estrés y nerviosismo para los jóvenes jugadores. Por tanto, la labor de los padres en este aspecto es la de no añadir más presión a pesar de sus buenas intenciones, ya que entonces estaría creando un estrés negativo en su hijo que repercutiría en su formación como persona.

 

TIPOS DE MOTIVACIÓN EN EL FÚTBOL FORMATIVO

En general, la mayoría de acciones de los padres tienen como objetivo motivar a sus hijos.

Sin embargo, hay que tener mucho cuidado con este tema, ya que hay momentos en los cuales sus intentos de motivar pueden llegar a ejercer una presión negativa. Por eso, los padres deberían saber que básicamente hay dos tipos de motivación:

Motivación externa o extrínseca → Es aquella motivación que lleva a la persona a realizar actividades para satisfacer necesidades que no se cubren realizando la actividad en sí misma. En el caso del fútbol, un futbolista puede estar motivado para conseguir trofeos, elogio de sus compañeros y entrenadores, dinero,… A pesar de que a corto plazo puede dar mejores resultados, los jugadores con este tipo de motivación suelen perder el interés por el deporte cuando esas recompensas se vuelven difíciles de conseguir, produciéndose así el abandono de la práctica deportiva.

Motivación interna o intrínseca → Este tipo de motivación se da cuando el simple hecho de realizar la actividad deportiva, ya es a su vez una recompensa para el joven futbolista. Es decir, un niño que juega al fútbol por diversión o para mejorar como jugador, estaría dominado por la motivación intrínseca. Este tipo de motivación es más estable, duradera y satisfactoria, ya que no depende de factores ajenos y por tanto puede ser controlada con mayor facilidad.

Por tanto, es fundamental que las recompensas sean un medio para un fin, es decir, motivar al deportista para que aprende y se supere como jugador, pero evitando que las recompensas externas sean el fin en sí mismo.

  

DEPORTE Y ESTUDIOS

Otro de los aspectos que más preocupan a los padres es el hecho de compaginar deporte y estudios. Durante las primeras etapas, como benjamines y alevines, se hace relativamente sencillo debido a la poca carga de deberes que tienen los niños. Pero según vamos avanzando, algunos padres piensan que la práctica deportiva y la actividad académica son incompatibles. Así, con relativa frecuencia encontramos padres que no dejan a sus hijos ir a entrenar o a los partidos aludiendo a falta de tiempo o que incluso amenazan con sacar a sus hijos del deporte si no consiguen los resultados que ellos quieren.

A continuación voy a proponer una seria de pautas o consejos que pueden ser utilizados por los entrenadores a la hora de tratar de convencer a los padres de que retirar a su hijo del deporte no es la mejor opción:

Beneficios fisiológicos, cognitivos, sociales y afectivos → En primer lugar, nadie duda de los beneficios de la práctica deportiva, pero no siempre nos damos cuenta de que al tratar de hacer que el niño aprenda una lección, probablemente le estemos ocasionando un perjuicio. A nivel general, reduce el riesgo de sufrir enfermedades del corazón, fortalece huesos, músculos y articulaciones, ayuda a prevenir el cáncer, etc… A nivel cognitivo, contribuye al desarrollo de procesos de comprensión, aplicación y análisis, a la vez que mejora la capacidad de inteligencia a la hora de resolver problemas. En el ámbito social, desarrolla la socialización, se familiariza con el trabajo en equipo y aprende a respetar a oponentes, árbitros y reglas. Por último, en el ámbito afectivo, cubre sus necesidades lúdicas, facilita la integración en un colectivo y mejora su autoconocimiento y su tolerancia a al frustración al tener que acatar decisiones con las que probablemente no esté de acuerdo.

Motivar sin presionar → También es importante hacerle ver a los padres la diferencia de resultados que existe entre, por una parte, estimular y motivar el estudio compaginado con el deporte y, por otra parte, amenazar y presionar para que saque mejores notas. Desde mi opinión personal, creo que un premio o un refuerzo siempre va a ser mejor que un castigo, por tanto, vamos a premiar los esfuerzos del niño en cuestión por compaginar ambas cosas.

Fuente de autoestima → Muchas veces, el deporte es la única fuente de autoestima que tienen los niños. Cuando rueda el balón, los niños se olvidan de los posibles problemas que pueda haber en su casa o de lo mal que lo pasó el día anterior en la clase de matemáticas. Quitar esa fuente de autoestima no ayuda a su crecimiento.

Interés de los entrenadores → La tarea de compaginar deporte y estudios no es simplemente cuestión de los padres. Los entrenadores de cualquier club de fútbol base también deben dar su opinión y mostrar interés en los estudios de sus jugadores. No hay que olvidar que los entrenadores también actúan como modelo para los jugadores y deben actuar en consecuencia.

Pero si finalmente decido quitar a mis hijos del deporte… ¿han mejorado sus resultados académicos? La experiencia nos confirma que en la mayoría de los casos los resultados académicos no mejoran tras el abandono de la práctica deportiva. Es más, en numerosas ocasiones el rendimiento escolar se ve favorecido por la práctica deportiva.

Es labor de todos (padres, entrenadores y psicólogos deportivos) enseñar a los jóvenes jugadores a compatibilizar estudios y deporte, dos aspectos de enorme importancia para su desarrollo como personas.

Jacobo Ceide

Graduado en Psicología | Entrenador UEFA "B" | UEFA "B" Licence Coach

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