M. Ángel Villafaina

Fotos: fpE

En el club se da mucha importancia a la formación, se necesita hacer jugadores para 1ª División.

Miguel Ángel Villafaina (Valencia, 4 de Junio de 1983) va camino de su tercera temporada en la cúspide del fútbol formativo de alto rendimiento. Desde los dieciséis años entrenando, en el trascurso de la pasada temporada le llegó la oportunidad de coger al equipo que tiene el Levante en la máxima categoría juvenil. Primero salvo al equipo del descenso y esta campaña lo ha colocado cuarto en el grupo 7, sólo por detrás del Valencia CF, CD Roda y Villarreal CF.

Es un entrenador que viene desde abajo, destaca por su cercanía y lucidez. Comenzó en una pequeña escuela de un barrio valenciano siendo aún cadete como futbolista le entró el gusanillo de dirigir. Hasta que a los 21 años decidió colgar las botas y sacarse los títulos de entrenador. Prebenjamínes, alevines, infantiles fueron sus primeras experiencias hasta llegar al Levante como técnico de un infantil regional y ayudante del juvenil nacional. A partir de ahí todo ha sido progresar en sus trece años en los baquillos.

 

El Levante UD, retos y exigencias

Levantinista como el que más, sus siete años en el club granota le han marcado como entrenador. “Me ha cambiado la visión del mundo del fútbol. En una escuela te dan el paso para dirigir a un equipo pero cuando entrenas en un club como el Levante te das cuenta que estas en un club grande, de Primera División” afirma.

Las diferencias entre entrenar en un club social o en una cantera de elite se ven en el día a día. De forma cuantitativa en los días de entrenamientos y de forma cualitativa en el tipo de jugadores que diriges, la gente super formada que te rodea, los medios de los que dispones como los campos de entrenamiento de la Ciudad Deportiva o el material.

Como entrenador, según Villafaina, es la obligación que hace especial formar parte de una cantera de elite.

Al llegar al Levante afrontas dos retos, formar y competir. “Como formador nuestra ilusión es ver jugadores que den el paso al filial y luego que el club apueste por ellos. A nivel competitivo, como entrenador del juvenil División de Honor, es mantener la categoría y aspirar a los mejores resultados. La renovación de Rubén García hasta el 2015 o la convocatoria de jugadores como Iván López con la selección nacional sub-19 te hacen ver que tú trabajo desde la base están dando sus frutos”.


“Es más fácil destacar en lo individual si el equipo sale beneficiado”


La personalidad y los valores están instaurados en el club. Si el Presidente, el Director Deportivo o el entrenador del primer equipo son capaces de bajar a la Ciudad Deportiva, ver un partido de prebenjamínes y conocerse hasta los nombres obligan a comportarte como tal. “La cercanía te marca, se percibe desde el primer día” responde Villafaina. “Se tiene la idea que las personas que forman parte de la dirección deportiva, van en traje, viven en los despachos y nunca pisan el césped, en el Levante U.D no pasa. Aquí están a diario en a pie de campo y te dan una visión distinta de lo que ocurre. Por la confianza que hay, ayudan al equipo aportando una opinión desinteresada. Nos dan total libertad para trabajar y son los primeros que levantan a un equipo cuando los resultados no llegan o te asesoran si creen que tú como entrenador no has caído en algo que puede servir para mejorar” expone.

 

La liga  juvenil División de Honor

Tras temporada y media dirigiendo el mejor juvenil del club granota y en la máxima competición del fútbol base nacional es buen momento para reflexionar sobre lo que significa la categoría para los futbolistas, el club y la formación del entrenador. Miguel Ángel Villafaina cogió la campaña anterior al equipo en una situación delicada pero consiguió el objetivo, salvar la categoría. Para él esta temporada se tornaba en un proyecto ilusionante, conocía la liga y a sus futbolistas, el reto era aún mayor.

“Es una categoría preciosa, he aprendido a todos los niveles por la exigencia que hay, por la calidad de los entrenadores. Además he podido estar en contacto semanal con los entrenadores del grupo no sólo para pasarte informes, también para intercambiar apuntes, ideas y ejercicios, un pensamiento que debería instaurarse en la categoría porque nos enriquece a todos. Es una experiencia al más alto rendimiento que a todos los entrenadores nos hace "mejores”.

Al frente del primer equipo juvenil del club de Orriols, Miguel Ángel Villafaina se ha dado cuanta de la trascendencia de vivir en un club de elite. “Tanto para lo positivo como para lo negativo, no es la misma repercusión llevar un infantil del Levante que el División de Honor. Te das cuenta que la dirección deportiva y la secretaria técnica del club están encima tuya, lógico porque entreno a los chavales que pueden ser los futbolistas del mañana del Levante UD” argumenta.


“Entrenar en División De Honor es una experiencia al más alto nivel que a todos los entrenadores nos hace mejores”


Aunque también te puedes sentir como un privilegiado dentro del club. “Como entrenador luces más, cuando llevas a cabo las tareas o las planificas, porque tienes a los mejores futbolistas. Todo lo que diseñas sale a la perfección, por la calidad de tus jugadores, es un gozo que ilusiona a todo entrenador” apostilla.

La idea de juego viene marcada por la dirección técnica de la cantera levantinista, David Salavert, su director incide en la importancia del aprendizaje de nuevos conceptos con el paso de los años. En este caso la juvenil División de Honor lleva al futbolista al límite, es la propia competición quién le enseña cosas nuevas. “El futbolista del Levante cuando da su último paso ,jugando en División de Honor, ve como la exigencia competitiva acentúa determinados aspectos de su formación. Nuestros jugadores ,en otras categorías, están acostumbrados a dominar los partidos porque los rivales se defienden de nosotros, sus capacidades ofensivas las trabajan desde la base. En División de Honor aprenden aspectos defensivos como la basculación, la vigilancia o la cobertura porque viven partidos igualados que se deciden por detalles y compiten contra jugadores de una calidad bestial” asevera el entrenador del juvenil granota.

 

El futbolista juvenil, a un paso del fútbol profesional

Una de las complejidades de llevar un equipo que disputa la juvenil División de Honor es la gestión de las ambiciones. La relación entre el entrenador y el futbolista va del campo al diván, de las órdenes tácticas a los consejos más personales. El futbolista juvenil en una gran cantera vive sus últimos pasos hacía la élite, de su buen hacer depende su futuro como jugador.

“Para muchos es la última oportunidad que tienen para dar el salto a un equipo filial, de seguir creciendo en el club. Lo más importante es que no se equivoquen, pueden caer en el individualismo, sólo importarles los goles marcados o los minutos jugados. Tanto al futbolista como a su entorno les decimos que disfruten de la temporada, Deben entender que es más fácil destacar en lo individual si el equipo sale beneficiado”.

El entrenador de un equipo juvenil de máximo nivel se suele convertir en gestor de emociones. “Se trabaja mucho porque percibes la ansiedad, las ganas de demostrar de cada futbolista. Orientándolo de forma positiva motivas al jugador pero si lo llevas de forma negativa puede afectarle mucho en su potencial” resume Villafaina.


“No es la misma repercusión llevar un infantil del Levante que al División de Honor porque entreno a los jugadores del mañana del Levante UD”


El departamento de psicología del club granota se ha convertido en una pieza fundamental. Su ayuda es trascendental para recuperar futbolistas o buscar soluciones a problemas personales. El entrenador del juvenil levantinista explica porqué. Un entrenador está pendiente de muchos frentes. El planteamiento táctico, el entrenamiento técnico, la gestión del grupo... la figura del psicólogo le ayuda a darse cuentas de cosas que no ve o a poner soluciones (en forma de herramientas) que el mister no conoce. Como por ejemplo aconsejar al cuerpo técnico la idea de hacer actividades grupales que no tengan que ver con el fútbol para afianzar los lazos de unión entre los compañeros. También se llevan a cabo otras actividades más específicas, como reunirse con los familiares o representantes de los jugadores, o la realización de tests que marcan el nivel anímico del futbolista.

El jugador del Levante UD debe cumplir una personalidad por la cercanía existente en el club y la fidelidad a unos valores. Aspectos que tiene muy en cuenta a la hora de fichar jugadores. Tanto es así que construyen un perfil personal y deportivo de todos los jugadores que siguen. Se fijan en su tipo de hábitos, cómo actúa, analizan su entorno y averiguan si ha vivido situaciones negativas y cómo ha salido de ellas. “Un jugador que falle en uno de los valores de la casa , los que marcan la personalidad de un jugador nuestro desde prebenjamín al filial, no puede llevar la camiseta del Levante UD” cuenta Miguel Ángel Villafaina, un entrenador con pasión y colores.

Miguel Ángel Montoya

Licenciado en Ciencias de la Información | Entrenador UEFA "B"

Registro Gratuito



Registrar con Facebook

Identifícate




Iniciar con Facebook